Los chicos y chicas de séptimo grado tuvieron la oportunidad de participar en el Festival de Tango, participando en la ORQUESTA DE BUENOS AIRES
Jorge Luis Borges y su pasión por “El tango”
El escritor argentino era un entusiasta del género; además de escribir poemas y ensayos al respecto, dictó cuatro conferencias que han sido recopiladas en este libro
De acuerdo a sus palabras, Borges detestaba el tango melancólico en exceso, impregnado de sufrimiento, y disfrutaba, en cambio, de aquel que evocaba la “felicidad del coraje”. Es, entonces, cuando la figura de Carlos Gardel emerge, tiñendo todo del histrionismo propio del género que imperó en los años veinte del siglo pasado.
Para él, el cantante y actor contribuyó enormemente a que el tango se convirtiera en un género comercial, fuera de la Argentina, gracias a que hizo del género una expresión dominada por el lamento, sombría en sí misma, acobardada, lejano todo esto a lo que, desde la visión de Borges, debía surgir de un espíritu valeroso, proveniente de la milonga.
La esencia germinal y los ritmos cambiaron, se introdujo el bandoneón, entre 1890 y 1910, y se comenzó a pensar más profundamente en las letras. Los tangos de antes no las tenían, “o tenían una letra que podemos decorosamente llamar ‘inefable’; tenían letra indecente o si no una letra meramente traviesa”, apunta el escritor. Conforme las letras aparecieron, afirma, los tangos se volvieron “llorones”.
El lector puede inferir de estos textos que si algo había en el tango que representara especial interés para el escritor argentino, tiene que con la bravura y el alborozo que inicialmente definían el género, como bien lo ilustra él mismo; las cosas que sucedían en las “casas malas”, los prostíbulos y burdeles de la ciudad que vio nacer el tango, en donde antes se bailaba milonga, que es una música más vivaz.
Surge el tango en 1880, dice Borges, de la manera más clandestina, lo que lo convierte en parte del legado de la propia urbe. Del pueblo para el pueblo, apunta. Poco a poco, pasó de ser algo del vulgo, de la clase obrera, y adquirió aceptación entre las clases más altas, y después se extendió, como una simple música de entretenimiento.
Con Borges, el tango adquiere una dimensión poética que es propia de los libros de historia. El tango es la excusa del pueblo argentino para contar sus anécdotas, para revivir a sus muertos, para mantener altivos a sus héroes. Se habla aquí de una condena, de ese país que se fue, de una Argentina cuyo pasado ha quedado herido. “El tango nos da a todos un pasado imaginario, todos sentimos que, de un modo mágico, hemos muerto peleando en una esquina del suburbio”.
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